La obsolescencia de la cultura (1ª parte) - Qestudio Arquitectos
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La obsolescencia de la cultura (1ª parte)

La obsolescencia de la cultura (1ª parte)

Cuantas veces nos hemos preguntado el porqué de que los electrodomésticos que adquirimos tengan una etapa limitada de vida, y la respuesta a tal planteamiento siempre es la misma, es que están obsoletos, han llegado al final de su vida útil.

Este fenómeno surgido en EEUU y que mueve la economía y la evolución tecnológica de nuestro mundo, haciendo del consumismo y del marketing pilares fundamentales del desarrollo social y cultural de los países desarrollados, ha llegado también a los fenómenos culturales, y desde luego al campo de las artes, en particular, aquellas relacionadas con la representación y los procesos creativos, donde el ser humano adquiere un mayor protagonismo, de ahí mi preocupación y mi interés ya que es el mundo al que pertenezco y en el cual me muevo.

Vivimos o intentan hacernos vivir en una sociedad marcada por el predominio de la imagen y la representación, la estereotipada estetización o la controversia del discurso artístico, controlado en todo momento por los fenómenos de los mass-media. Herencia adquirida y plasmada en una sociedad confesional, con micrófonos fijados en confesionarios y megáfonos en las plazas públicas[1], según el filósofo y sociólogo Zygmunt Bauman.

El proceso cultural innovador y que llama la atención, va de la mano de las grandes empresas de marketing que parasitan la cultura en su propio beneficio, ya sea para vender su producto o mediatizar la sociedad, todo ello en favor de un asombro generalizado y que adquiere su máximo valor en una sociedad que lo único que parece percibir es la espontaneidad fugaz de la imagen, para poder adquirirla e incorporarla a su otro yo virtual, en su interminable muro de recortes coleccionables compartidos con éxito y orgullo dentro de su lista de amistades aceptadas en su propia y auto creada red social. Una modernidad líquida como cita Bauman que se escapa entre las manos y no asienta sus fundamentos ni principios en las bases de un conocimiento autocrítico y cultural dejándose llevar por culebrones de telenovela, realitys de pacotilla y excrementos varios que luego lanzan al retrete como si de papel higiénico se tratara.

Una sociedad creada donde todos caben y permanecer fuera supone un enorme castigo, proclamando la individualidad y volatilidad de las ideas del ser humano frente al resto de la sociedad, echando por la borda los esfuerzos de una sociedad ilustrada, que consiguió unos derechos civiles y una ruptura con la tradición, donde se promulgaba que el conocimiento humano podía combatir la ignorancia, la superstición y la tiranía para construir un mundo mejor.

Citando de nuevo a Bauman:

La versión actualizada del “cogito” de Descartes “Me ven, luego existo”.[2]

Esta es la revolución que nos ha tocado vivir, es el mal endémico de nuestra sociedad y como no aprendamos a controlarlo, nos veremos inmersos en una falta de autoconciencia y desconocimiento de nuestro pasado. Nos escandalizamos del autoritarismo de ciertos sectores políticos y económicos de nuestra sociedad sin darnos cuenta del mismo autoritarismo impuesto por la maquinaria de internet, la tecnología, las redes sociales y el consumismo desmedido. Dependemos actualmente en gran medida de ellos y así nos lo hemos autocreído y aceptado, sin preguntarnos si quiera el cómo y el porqué. Sólo basta con dejar un día el teléfono móvil en casa, o perder la señal de wifi, para comprobar lo alienados que nos encontramos en nuestra realidad.

En una entrevista que realicé al arquitecto y ensayista finlandés Juhani Pallasmaa[3], me decía que las Universidades no necesitaban de tecnócratas ni de políticos, necesitaban de libre pensadores para impartir las clases. Profesionales capaces de compartir una cultura pensante y forma de trabajar que haga entender a los alumnos, los procesos no solo mecánicos sino mentales y culturales, produciendo ese feed-back tan necesario en la comunicación verbal, y que fortalece los estímulos e incita a la nueva experimentación de las ideas; El trabajo en equipo, la creatividad en la experimentación, lo táctil en los materiales, la sensación espacial, la expresión del dibujo manual, son todas ellas experiencias enterradas bajo pilas de libros y revistas que ahogan su propia existencia e impiden ver más allá de su entorno cada vez más denostado.

Yo no voy a dar soluciones esquematizadas ni manuales de instrucciones de cómo solventar esta situación, ni estableceré los puntos a seguir, como está ocurriendo cada vez más a menudo en los estereotipados procesos de la superación individual, ni los sé ni los tengo; algunos me tacharán de retrógrado, antiguo y obsoleto, aunque también estoy inmerso en esta red, pero yo solo trato de abrir una ventana para poder convivir y adaptarnos a esta nueva revolución mediática, sin perder nuestras propias experiencias, tan fundamentales para el desarrollo de nuestra propia autosubsistencia.

“El pensamiento operacional viene a ser una especie de artificialismo absoluto, como se ve en la ideología cibernética, en que las creaciones humanas son derivadas de un proceso natural de información, pero él mismo concebido conforme al modelo de las máquinas humanas. Si éste género de pensamiento se hace cargo del hombre y la historia, y si fingiendo ignorar lo que sabemos de ellos por contacto y posición, trata de construirlos a partir de algunos índices absolutos, como lo han hecho en los Estados Unidos un psicoanálisis y un culturismo decadentes, pues el hombre llega a ser verdaderamente el “manipulandum” que cree ser; si esto ocurre, se entrará en un régimen de cultura donde no hay más verdad o falsedad respecto al hombre y a la historia, un sueño o una pesadilla de los que nada podría despertarlo[4]

Todas las revoluciones económicas, industriales, culturales, surgen de puntos de inflexión acerca de unas nuevas miras y un nuevo desarrollo, los grandes filósofos, sociólogos y pensadores de nuestro siglo ya lo están haciendo, y son ellos los que deben hacerles frente. Las revoluciones mueven los países, los transforman y convierten en algo nuevo, re-evolucionan, pero no desde el punto de vista del autoritarismo, sino desde el acuerdo con la sociedad, que aunque enfrentada al principio, puesto que toda revolución lleva un enfrentamiento, ya sea bélico o pacífico, consigue llegar a un estado de nueva esperanza y capacidad de superación que hace que las naciones crezcan y sus habitantes prosperen. Revolución industrial, cultural, política, social, todas nacen y mueren desde el hombre, pues es el hombre quien las produce, alimenta y domina, ya sea por una separación marginal de las clases sociales, una evolución en los métodos de fabricación, un despotismo de la clase política o un aceleramiento incontrolado de los medios.

Lo que no debemos permitir es quedarnos impasibles frente a una situación que cada vez más, va produciendo mayor distanciamiento real, no virtual, entre las diversas capas de la sociedad, y es la cultura y las grandes mentes de nuestro siglo las que deben tomar las riendas de la situación, no podemos permitir que los poderes fácticos se apoderen de los estamentos esenciales de un país, la clase política se está devorando mutuamente mientras que los grandes empresarios con afán de mayor poder y riqueza encabezan los sillones de mando, convenciendo a golpe de slogan y palabrería a una sociedad que se deja embaucar por la esperanza en algo nuevo, algo que haga cambiar la situación y que nunca llega.

[1] Bauman, Zygmunt, Donskis, Leónidas, Ceguera moral, la pérdida de sensibilidad en la modernidad liquida, Paidós, Barcelona, 2015, pág 42.

[2] Ibídem., pág 42

[3] Entrevista a Juhani Pallasmaa, Finlandia, septiembre de 2016, Revista EGA, Universidad Politécnica, Valencia, en preparación.

[4] MERLEAU-PONTY, Maurice, El ojo y el espíritu, Paidós Ibérica, Barcelona, 1986, pág 11.

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